"La doctrina secreta de los templarios era la magia natural o alquimia, que estaba reservada a los grandes maestres y a unos cuantos privilegiados"

De todas las órdenes religioso-militares de la Edad Media, los templarios, y solo un pequeño grupo de ellos, practicaron y aplicaron profundamente los conocimientos esotéricos, practicando en secreto el arte de Hermes. Nueve fueron los primeros caballeros que constituyeron la orden del Temple, en Jerusalén para el año1118.

Esta orden se regía por dos doctrinas: una esotérica para la minoría de los magos y los iniciados y una exotérica para la mayoría, conformada por sirvientes y guerreros. Este pequeño grupo, dentro del que se contaban los Maestres, eran los verdaderos directores espirituales del Temple, y se denominaban los Hijos del Valle.

Los principios de estos caballeros entroncaban con las más profundas tradiciones herméticas del Antiguo Egipto, al afirmar la unidad de todos los dioses y todos los mitos. Estos Hijos del Valle, también se inspiraron en la Orden de Amus, especies de ermitaños que bebían de las fuentes gnósticas de la Alejandría protohistórica, herederos de los ShemsouHor, fundadores del Antiguo Egipto.

Iniciación.

El grupo gnóstico de los templarios tenía cuatro grados de iniciación, que se correspondían con los cuatro elementos. Para ingresar en este proceso, el candidato debía pasar el periodo de prueba, que duraba de dos a tres meses, para empezar la preparación. El aspirante a Templario debía renunciar al mundo. Una vez examinado y después que se le había leído la Regla, se procedía a la recepción: esta era una solemne ceremonia que exigía la reunión completa de los Templarios durante la noche en la iglesia de la Orden

El aspirante, vistiendo una túnica blanca, sin capa ni espada, aguardaba varias horas en una celda del convento templario próxima a la sala de ceremonias; durante este tiempo, el maestre le envía dos caballeros - miembros de ese consejo de caballeros "de buen juicio" que solían elegirse entre los miembros más ancianos de la orden - que le visitaban tres veces y le preguntaban al postulante su nombre y los propósitos que le animan, y si es cierto que pretende ingresar en la milicia, a pesar de los grandes trabajos y luchas y la dureza de la vida que le aguarda. Si contesta afirmativamente, los dos caballeros regresan a la sala de ceremonias y dicen:"Señor, hemos hablado con ese hombre que está afuera y le hemos explicado las durezas de la Orden: dice que desea ser siervo y esclavo de la misma" "¿Queréis que le hagamos venir, en el nombre de Dios?" pregunta el maestre, y el caballero responde: "Que venga en el nombre de Dios "El aspirante es introducido a la sala de ceremonias, donde se arrodilla para jurar ante el Evangelio de San Juan (nunca otro) y ante el maestre diciendo:"Señor, me presento ante Dios, ante Vos y ante los hermanos y os ruego, en el nombre de Dios y de Nuestra Señora que me admitáis en vuestra compañía y a los beneficios de la Orden para ser desde ahora en adelante su siervo y esclavo."

"Hermano - responde el maestre - mucho es lo que pedís, puesto que, de la Orden, lo que veis es solamente la corteza, y la corteza es que vos veis que tenemos hermosos caballos y arneses y vestiduras, y que comemos y bebemos bien, y que pensáis que viviréis aquí cómodamente; pero no conocéis las duras exigencias que están debajo. Será muy duro que vos, que sois señor de vos mismo, os hagáis esclavo de otro, pues casi nunca haréis aquí lo que deseáis: cuando queráis estar del lado de aquí del mar, seréis enviado a la parte opuesta; cuando queráis estar en Acre, se os enviará a las tierras de Trípoli, o de Antioquia o de Armenia, o a cualquiera de las muchas tierras donde tenemos casas y posesiones. Y cuando queráis dormir, se os hará velar; y si alguna vez queréis velar, se os ordenará ir a reposar a vuestro lecho ... pensad hermano si podréis sufrir todas esas durezas""Sí, las sufriré todas, si Dios quiere"

"Hermano, no debéis buscar la compañía de la Orden por el deseo de riquezas ni de señorío, ni movido por el deseo de honores ni del bienestar del cuerpo, sino por tres cosas: una para eludir y dejar de lado los pecados de este mundo; otra para servir a Nuestro Señor y la tercera, para ser pobre y hacer penitencia en este siglo por la salvación del alma. Y sólo en esta intención. ¿Queréis ser durante todos los días de vuestra vida, desde ahora en adelante, siervo y esclavo de la Orden? ¿Queréis renunciar a vuestra voluntad por todo el resto de los días de vuestra vida para hacer lo que vuestro comandante ordene?""Si, señor, si Dios quiere "En este punto, el maestre ordena salir al aspirante y, dirigiéndose a los caballeros prosigue: "Si alguno de vosotros supiera alguna razón por la cual este hombre no tuviera derecho a ser un hermano, que la declare, porque mejor será ahora y no cuando el esté en nuestra presencia ... ¿Queréis que lo hagamos venir en nombre de Dios?""Que venga en el nombre de Dios""Señor - dice el iniciado, retornando y arrodillándose de nuevo - me presento ante Dios, ante Vos y ante los hermanos y os ruego, en el nombre de Dios y de Nuestra Señora que me admitáis en vuestra compañía y a los beneficios de la Orden, espiritual y temporalmente, para ser su siervo y esclavo de ahora en adelante "Después el superior le dirigía las siguientes interrogaciones: "¿Sois caballero? ¿Estáis sanos de cuerpo? ¿Habéis contraído esponsales? ¿Sois casados? ¿Habéis pertenecido ya a otra orden? ¿Tenéis acaso deudas que no podéis satisfacer por vos mismo o por vuestros amigos?" si la contestación era satisfactoria, el aspirante hacía sus votos en la forma siguiente:"Hermano, escuchad bien lo que os diremos: ¿prometéis a Dios ya Nuestra Señora que desde ahora en adelante y durante todos los días de vuestra vida obedeceréis al maestre del Temple y alos comandantes que sean nuestros superiores? ¿Prometéis a Dios y a la Señora Santa María que desde ahora en adelante y durante todos los días de vuestra vida viviréis castamente? ¿Qué viviréis sin nada propio? ¿Qué respetaréis los buenos usos y costumbres de nuestra casa? ¿Que ayudaréis a conquistar, según la fuerza y el poder que Dios os haya dado, la Tierra Santa de Jerusalén? ¿Qué no dejaréis jamás esta Orden ni por fuerte, ni por débil, ni por peor ni por mejor?"
y una vez pronunciados los votos con la afirmación ritual "Sí, Señor, Si Dios lo quiere", el nuevo Templario era admitido con la promesa "del pan y el agua y la pobre vestidura de la casa, y bastantes penurias y trabajos “Inmediatamente se ponía en pie y recibía el aliento del Presidente del Capítulo del Capellán en su boca abierta Luego se le investía con el manto de la Orden, la cruz y la espada, y el maestre lo abrazaba, dándole el ósculo de la fraternidad, como también el capellán. La oración del capellán, y el himno de recepción de las órdenes religiosas - el Salmo 133 - concluían la ceremonia de recepción.

 

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Caballeros Bergidum Templi